miércoles, 29 de junio de 2016

¿QUIÉN DIJO VIRGEN?

    

    Yo vivía tranquila...relativamente tranquila. No me faltaba nada. Tampoco me sobraba nada. Era virgen, una virgen comprimida entre otras vírgenes (sesenta decía la cubierta del bloc donde vivíamos). Así transcurrían nuestras largas horas de silencio. No conocía otro mundo y por lo tanto no tenia ningún motivo de queja. Como descubrí más tarde, todo el mundo tiene sus problemas y yo tenia los míos de los que me fui haciendo consciente poquito a poco. Oía unos rumores extraños, desagradables. Eran parecidos a un arrebato, un viento violento que agarraba con furia una compañera con la que habíamos compartido la paz y el silencio. De pronto desaparecía y las que quedábamos jamás sabíamos de su paradero. El ruido, con los días fue creciendo, lo que me hizo comprender que pronto llegaría mi turno.

    El maestro (así oí que lo llamaba todo el mundo) con mano firme me cogió y me crucificó sobre una plancha de madera y...y abusó de mi. Lo que más quería yo, mi apreciada virginidad quedó rota para siempre: Aquel odioso pincel vestido de un rojo
tan intenso, que por unos momentos creí que se trataba de mi propia sangre. No, no lo era, pero se parecía mucho. Después un azul severo, casi monástico que impertinente se oponía al amarillo grotesco insultante que le perseguía. El correr arriba y abajo por mi cuerpo maltrecho con un vaivén de colores diversos me producía sensaciones tan nuevas que me era difícil asimilar. No llegaba a entender si era un placer añorado o un camino a ninguna parte. Después, por fin, los colores suaves; azules turquesa, rosas acogedores que me acompañaban y me producían serenidad. En medio de aquel bullicio de caricias extrañas, casi había olvidado mi virginidad.

    Cuando al maestro le pareció que el maquillaje ya era definitivo, me ligó (seguramente para que no me escapara) a unos maderos que me hicieron prisionera .

    ¡Quien te ha visto y quién te ve! Me decía yo a mi misma con el espanto metido en el cuerpo. ¿Qué dirán mis compañeras si me ven disfrazada de colores? Jo les diré...de verdad, no sé lo que les diré. ¿Que la vida es más alegre llena de colores? ¿Que es mejor ser alguien importante que vegetar eternamente encajonada entre las compañeras? ¿Que la vida al aire libre es más placentera? ¿Que la experiencia de una violación tampoco es tan grave como imaginaba? Que...y así iba meditando cuando el maestro se me llevó ¡a una sala de exposiciones!

    ¡Qué experiencia, compañeras si me escucháis! No había conocido nada tan acogedor y a la vez tan sorprendente como una exposición. Bueno, os lo voy a contar: A aquella madera en la que me encajonaron, le clavaron un clavo y nos colgaron en una pared preciosa y llena de luz. Al poco, de golpe empezó a entrar gente y más gente. Hablaban, bebían, me miraban, unos distraídamente y otros con ojos inquisitivos. ¡Qué vergüenza! Los unos comentando la riqueza de la gama de mis colores y otros de la profundidad de mis sentimientos (fue fascinante, ¡descubrir que tenia sentimientos!). No me quitaban la vista de encima y yo, tímida por naturaleza, no podía controlar los escalofríos que corrían por mi cuerpo. Tantas cosa me dijeron que por fin comprendí que tenían razón: descubrí que ya no era una más entre las hojas del bloc, no, yo era algo más, muchísimo más: era la admiración de propios y extraños. ¡Estaba asistiendo al nacimiento de mi futuro!

    El tiempo transcurría cubierto de emociones y los clamores de los primeros días se fueron calmando poquito a poco. Tuve tiempo de pensar, meditar seriamente sobre mi vida, de donde venía y a lo que había llegado. Llegué a una conclusión: si, tal vez algún día tengo ocasión de encontrar de nuevo a mis compañeras, les diré que más vale vivir desvirgada en un mundo loco que enclaustrada en un bloc entre compañeras sosas...i vírgenes!